Entonces pensé: ¿y si juego un poco con esto? Agregué jengibre, menta y jugo de limón. La probé otra vez y me pareció exquisita.
En ese momento yo estaba decidida a dejar de consumir tantas bebidas procesadas, llenas de colorantes, azúcar y conservantes. Quería algo rico, pero también algo que pudiera preparar yo misma y adaptar a mi gusto. Le agregué un poquito de stevia y… ¡puf! Espectacular. Después vino el hielo. Y ahí pensé: ¡wow! Esto es una bebida increíble.
Refrescante. Intensa. Versátil. Y hecha a partir de ingredientes que podía reconocer.
Ahí entendí algo que hoy forma parte de la esencia de Experiencia Umami: no existe una única manera «correcta» de tomar una infusión. A alguien le gustará más suave; a otro, bien intensa. Con leche o sin leche. Caliente o llena de hielo. Cada persona puede encontrar su propia manera de disfrutarla.
Así empezó mi mundo de blends. Probando, mezclando y disfrutando. Sin tantas reglas.

